jueves, 12 de abril de 2012

Mareo

Querido diario:

¿Por qué no puedo pensar con claridad en cualquier otra cosa?
Sólo eres un conjunto de bits y de enajenaciones producto de mis ganas de rumiar en nada. Supongo que en ti no hallaré la respuesta.

Hoy el cielo ha llorado lágrimas silenciosas. Disimula, pero todos vemos su llanto.

Hoy no puedo confiar en mi. Ni en ti, estimado ego literario.

Normalmente sé actuar en la mayoría de situaciones, no soy alguien que se sorprenda a menudo, a pesar de que es eso mismo lo que busco. Esto me recuerda a cuando tenía menos de 15 años y duele.

Avanzaré con cautela y respeto. Nunca en exceso.

Ahora me disculparé ante mí mismo por prostituir la escritura para dar a conocer frases vacías. A eso se le llama demagogia y a veces puede ser divertida.

domingo, 25 de marzo de 2012

Rareza, extrañeza, curiosidad, pasión: Felicidad

Vais a leer una rareza; algo especial colmará el espacio digital de este rincón solitario de la red: La felicidad embarga el alma del propietario del alma de estas palabras. 

Quisiera aclarar que las palabras no se pueden poseer, y por ello aclaro que su alma sí es mía, pues son fragmentos de la que yo mismo albergo.

Partamos de una premisa: La vida es maravilla, es el mayor don que existe, es el regalo más preciado del universo y, sobretodo, puede llegar a ser realmente hermosa. Pero cuidado, sé de buena tinta, como todos vosotros, que alguien que pasa hambre, alguien cuyo país es azotado por la guerra, alguien que ha perdido todo lo que tenía o alguien que no tiene a nadie que le aprecie no puede concebir la vida como algo positivo. Y es que, aún a riesgo de parecer repetitivo, la vida es injusta: Unos tienen más de lo que otros podrán jamás soñar con poseer. Unos tienen enormes yates y otros poseen migas de pan que compartirán con sus familias. Otros no tienen migas de pan. Otros no tienen familia. Otros, ni siquiera, tienen alguien que les estime.

Hoy quisiera gritarle al mundo. Gritar con ira y pasión, armar una oda en su honor y en contra del ser humano. Hoy quisiera dar gracias por la vida que se me ha conferido, por la movilidad de mi humilde cuerpo y por la lucidez (o no) de mi mente. Por supuesto, no le agradezco todo esto a ningún dios (en minúscula). Se lo agradezco al azar y a la Tierra. Al origen de la vida y a todo lo que conforma la mía.

Además de todo lo anteriormente dicho, me gustaría dejar claro que creo que no he podido tener más suerte con los seres queridos con los que me ha tocado lidiar. No toda mi familia está unida y algunos son seres que me son de total indiferencia, pero los seres realmente importantes que la forman son, bajo mi punto de vista, maravillosos, a pesar de la cursilería que se desprende de la palabra.

A la hora de mencionar a mis amistades puede que derrame alguna lágrima. Pero no, no lo haré; ya no. He tenido muchos seres queridos. Los que realmente me aprecian están ahora mismo a mi lado, nos veamos o no. En este punto de mi vida puedo afirmar sin ningún temor a equivocarme que el azar me ha otorgado un 777. Mis amistades son algo fuera de lo común. Una hermandad no sectaria nos une y, aunque ha habido discusiones como es normal, las columnas han seguido intactas e imponentes desde hace muchísimos años.
No voy a nombrar a nadie, pues el riesgo de exclusión es alto y no quisiera deprimir a nadie (aunque sé que no valgo tanto la pena como para provocar ese efecto). Se sentirán aludidos, querido lector, y espero que tú seas uno de ellos para darte las gracias de nuevo y convencerte de que jamás sueltes mi mano. Tú me otorgas y yo hago lo propio.

Todo tiene su fin. Pero cuando algo muere, otro ente nace para dar paso tras su tardía muerte a las próximas sensaciones y sentimientos. La amistad real es algo eterno e inefable. Si se puede describir sin tartamudear o balbucear, no estamos hablando de amistad real. Y si lo consigues, eres todo un Cicerón.

Me dispongo a partir hacia la morada de ciertas amistades, donde me esperan algunos de los seres que más he apreciado en toda mi vida. Lo que allá ocurra, desde un suspiro de hastío hasta una carcajada de burla en animus iocandi serán grabados a fuego en mi egoísta, romántico pero sosegado corazón.

En mi ha despertado la pasión, la emoción, las ganas de seguir viviendo y la ambición sin fin pero con pausa. Si me caigo me levanto y si me golpean les devuelvo el favor.

La música es hermosa, la literatura me transporta a Oniria y el arte comunicativo me lleva a otro nivel de felicidad. La curiosidad, el fuego interno, el misticismo, el romanticismo clásico que yace en mi y el altruismo en su justa medida harán palpitar mi patata vital.

Por último, debo dar las gracias de nuevo al azar por darme a conocer a un verde y puntiagudo pero hermoso ser, a la brevedad de sus interrupciones y al valor de las mismas. A la D mayúscula sin la terminación olorosa.

Gracias. Por leerme y por formar parte del texto. 

sábado, 4 de febrero de 2012

Agua fría

Ha llegado la hora de dejar atrás los viejos prejuicios que mi mente fabricaba y que deformaban el mundo que tengo ante mis ojos. La evidencia empírica de un mundo plagado de profesionales y de seres con un intelecto bastante privilegiado escapaba a mi entendimiento. La masturbación mental que sigo sufriendo, con la diferencia de que me he dado cuenta, dice que yo soy mejor que el resto, que puedo hacer lo que me proponga sin esfuerzo (aunque esto suponga, claro, un rendimiento inferior a algo realizado con esfuerzo). No es así. No soy tan diferente ni soy tan especial. Todos lo somos a nuestra manera, pero no destaco cómo deseaba. Ni mi mente es tan oscura como presumía ni soy tan complejo como parecía. Un chorro de agua fría hace que se despejen las ideas, pero sienta como si miles de agujas se aferraran a la carne.

Quizá haya llegado el momento de dejar atrás todas estas ideas preconcebidas y afrontar las dificultades con esfuerzo para que el resultado sea el óptimo. Supongo que vivir de modo "suficiente" es orinar sobre la propia vida; supongo que no soy tan bueno en lo que hago. Lo primero es afrontarlo y, luego, superar al resto.

martes, 17 de enero de 2012

Videojuegos y pasión

La Fantasía Final es un término referido a la última esperanza de una empresa casi en la bancarrota. A muchos os sonará su nombre: Squaresoft. Tras más de 10 entregas, Squaresoft ha conseguido vender en oriente y en occidente millones de copias de todos sus juegos. Desafortunadamente la magia no dura para siempre y es que no puedo hablar sólo de una saga tan maravillosa como lo ha sido Final Fantasy.

La Fantasía Final me evoca algo distinto que a sus creadores. Sea porque jamás he regentado una empresa, sea por las razones que sean. Este término me hace pensar en aquellos videojuegos que no son sólo buenos. Estoy hablando de ese tipo de juegos virtuales que son obras maestras no sólo por el conjunto de sus propiedades, sino porque aún hoy en día los recordamos y lo haremos a pesar del paso imparable del tiempo.

Seguramente muchos de los que estéis leyendo esto pensaréis que sólo me baso en Final Fantasy para redactar mis más sentidas opiniones, pero estoy hablando en general basándome en una entrega concreta de la saga: Final Fantasy X. ¿La razón? Os la aclararé al final. He jugado muchísimos juegos en toda mi vida. Sé que algunos de mis lectores habrán completado aún un número más exorbitado, pero no pretendo alardear de mi tiempo libre años atrás, sólo necesito saber que entendéis mi testigo.

Una obra maestra (que no un buen juego) debe conformar ciertos aspectos. El primero de todos es que los personajes deben ser entrañables. Debemos recordar su nombre a pesar de que no sean personas reales y deben caernos fatal o genial. Y con esto último no me refiero a sentir empatía positiva por un personaje arquetípico y heroico, sino por alguien cuyos sentimientos y reacciones entiendes; alguien que no sea perfecto; alguien con unos defectos que le lleven a cometer errores graves y que luego quiera redimirse, etc. Cuando hablo de caer fatal me refiero a un villano (o no) cuyo objetivo sea tan despreciable que casi no lo puedas creer. Alguien a quien no le importe el dolor del prójimo, alguien que no tenga nada que perder, alguien que de lugar a un conflicto dramático e interesante que haga llorar lágrimas al protagonista con tal de solucinarlo.

El segundo elemento tras la empatía sugestiva sería, a mi parecer, un guión sólido y coherente, acompañado por un contexto de ensueño, un mundo nuevo y completamente fantástico con sus oscuros rincones de desesperación y con sus ostentosos edificios habitados por hipócritas poderosos. Recordemos que sin un buen villano no puede haber un buen argumento, como en el caso de Final Fantasy XII. (Sé que se supone que hay villano pero… Es prácticamente aleatorio).

El tercer elemento es una banda sonora imprescindible y propia. Cada título diferente de videojuegos debe tener un estilo completamente suyo y que nos evoque a las horas de juego dedicadas. En el caso de Squaresoft, contaban con el maestro Nobuo Uematsu. ¿Qué más se puede decir?, ¿Quién no ha derramado lágrimas alguna vez con sus composiciones?

Antes de seguir enumerando aspectos teóricos de lo que es una obra maestra, debo comentar que un buen amigo me comentó una vez que los videojuegos deberían conformar un nuevo tipo de arte. Desearía que eso ocurriera, amigo. ¿Qué tiene la vida real que no tenga un videojuego aparte de, obviamente la propia realidad? Una obra maestra contiene arquitectura digital, una banda sonora deliciosa, un guión incomparable, esculturas adjuntadas a la arquitectura, la interpretación de los personajes a pesar de que no existan, entre otras cualidades. ¿Ver una película es mejor que SER el protagonista de lo ocurrido en un videojuego? Creo que sólo si necesitas relajarte y careces de tiempo y además albergas en ti los prejuicios que dicen que sólo alguien “rarito” jugaría a videojuegos.

Y, ¿sabéis que es una obra maestra? Algo que sea capaz de obligarme a escribir todo esto sólo con ver por casualidad uno de sus fragmentos. Algo cuya esencia pervivirá durante muchísimos años y algo que será comentado entre los amigos que compartan este gusto para siempre. Algo que se recordará con cariño y sobretodo, algo que permanecerá en nuestros corazones como parte de nuestra infancia, juventud o vejez según convenga.

En este caso, ese algo ya debe de ser algo obvio. Todo esto lo ha conseguido un vídeo de Final Fantasy X y por eso era el ejemplo que nos ocupaba. Los jugadores nostálgicos cuelgan sus vídeos jugando y nosotros recordamos nuestro pasado. Concretamente la razón de este texto es el tema que se puede escuchar cuando todo el grupo llega a Zanarkand. A dream that will end sometime.

Todo esto ni siquiera me ha salido escuchando el tema. Lo estoy escuchando ahora para rememoraros la parte a la que corresponde:

“Las lágrimas del jugador se derraman cuando recupera el control de Tidus tras la nueva presentación del prólogo del juego. Ahora entiende por qué el protagonista comenta que es su última oportunidad. Tidus, Yuna, Wakka, Auron, Kimahri, Lulu y Rikku retoman su viaje a través de la ciudad milenaria. A través de las ruinas de Zanarkand no dejan de ver visiones del pasado de Braska, Jecht y Auron. Todo esto sin duda hace que el jugador se enternezca. A medida que los protagonistas se adentran a las entrañas de la ciudad se ven obligados a luchar contra las almas de los difuntos habitantes del lugar, ahora horrendos monstruos pululantes. El tema A dream that will end sometime no ayuda a que el jugador intente sonreír. La diversión o el ocio no son su objetivo ahora. Su deber es acabar con Sihn a costa de su vida, pero no a costa de Yuna. Tidus se mentaliza para acabar con su padre mientras se estrecha la distancia de los protagonistas del lecho de Yunalesca, la creadora del Eón Supremo. El aura de tristeza y melancolía de Zanarkand es palpable hasta por los amigos que han ido a visitar al jugador y que jamás han tocado el juego. Lucillos o fragmentos de almas humanas convertidas en monstruos flotan por la ciudad muerta. Cuando Tidus se enfrenta cara a cara con Yunalesca, decide negarle la necesidad de un eón supremo que implique el sacrificio de uno de los amigos de Yuna y de la propia invocadora para destruir a Sihn. Yunalesca se enfrasca en una feroz batalla que los héroes repudiados por la sociedad de Spira vencen. La última oportunidad ha sido destruida, pero saben que es posible derrotar a Sihn, aún conservan una última esperanza…”

Como veis, el jugador ha pasado inevitablemente a confundir la realidad con la ficción. Lo siento, pero bajo mi punto de vista un Call of Duty o un God of War, o un Gears of War, no pueden conseguir esto. Es mi opinión y podéis o no estar de acuerdo con ella. Sólo os pido que no faltéis.

domingo, 25 de diciembre de 2011

¿Feliz Navidad?

La Navidad. La supuesta época de nacimiento del de nuevo supuesto hijo del consiguiente supuesto Dios. ¿En qué estamos creyendo? 

Este es el momento del año en el que afloran la hipocresía y el consumismo más bárbaro de todo el año. La desigualdad sale a la calle sin cubrirse las vergüenzas y a nadie parece importarle.

Los adinerados se regalan objetos cuyo valor económico sobrepasa la imaginación del resto de personas que, a su vez, gastan su poco dinero en hacer otros regalos más humildes pero que también consumen sus preciados recursos. ¿Qué sentido tiene esto?

Sabemos que el verdadero fin de las navidades es recaudar lo suficiente para que el capitalismo no se derrumbe pero... ¿Realmente la mayoría de la población sabe esto? No. Aún así gastan y gastan como posesos y no quisiera parecer moralista, nada más allende. Lo único que quiero expresar con esta entrada es que la sociedad no reflexiona. Hacemos muchísimo daño al prójimo tal que así:

-¿Qué te han regalado este año? A mi un iMac y cuatro videojuegos.

-A mí un pijama y unas zapatillas...

El segundo individuo se debe sentir como una MIERDA, ¿no creéis? Por supuesto los regalos no son lo más importante, no seas moralista tú, querido lector. Pero si somos realistas, eso nos afecta. Queramos o no compararnos con otras personas, lo hacemos por inercia pues el único ser social es el ser humano con el que contrastamos constantemente buscando un ideal ejemplar.

Pongamos otro caso:

-Vengo de estar con mi família. Qué coñazo, menos mal que he llegado a casa para conectarme al Facebook.

-Yo llevo todo el día en casa porque mi madre está muerta y mi padre debe estar todo el día trabajando para alimentarme y poder subsistir.

¿Os parece surrealista? No lo es. Alguien que no valora el hecho de estar con la família puede destrozar a alguien que no la tenga. Aunque ese alguien sea rico, por ejemplo, va a sufrir esa alusión a su inexistente família. Si, además, su nivel económico es crítico, pasará unas navidades de rechupete. Véase la ironía.

No creo en Dios. Sé que Jesucristo existió porque era un personaje real histórico. Que haya tenido poderes o no es otra cosa. Pero a pesar de todo esto me gusta poder estar con la gente a la que quiero con esta excusa. Me gusta tener un par de semanas de vacaciones y me gusta, por supuesto, recibir algún que otro detalle. Es normal. Soy humano. Eres, querido lector, humano.

Lo que no me gusta es que gasten más de lo debido en mi. Lo que no me gusta es que mi família haya perdido la unidad. Pasar el año nuevo sin ellos ya no me sorprende...

Todo lo que necesito es a mi padre, mi madre, mi hermana, mi querida sobrina y mis amigos dentro de los cuales está mi pareja. Todo esto es lo que un ser humano necesita para sobrevivir añadiendo los bienes básicos para subsistir. Si el patrimonio se midiera tal que así, yo sería rico. Billonario.

Los que me hayan leído sin conocerme, si es que los hay, me habréis ido conociendo. No os sorprenderá leer que he derramado lágrimas. Ayer y hoy. Lo paso bastante mal y sufro durante estas fiestas.

Feliz navidad a los irreflexivos y pusilánimes. Felicidad eterna a los que ven lo que hay delante de sus ojos.