No tengo nada que decir, pero dicen que en el arte se pude jugar con el vacío, con el silencio, con la oscuridad...
Os animo a que escribáis lo primero que se os pase por la cabeza en los comentarios, desde una opinión personal de lo que hago, de cómo soy y de mi psique hasta un pequeño escrito para demostrar que me pasáis la mano por la cara, pasando por dedicatorias de paz, amor y odio o declaraciones de guerra. Todo esto, si queréis, de forma totalmente anónima.
Hoy solo habrá silencio. Os escucho, que ya va siendo hora de callar un poco.
domingo, 29 de abril de 2012
"Quiero conocerte"
Publicado por
Albert Alsina
en
3:18
Por muy desesperante que parezca mi personalidad con respecto al resto del universo mundo, hay gente que me tiene en alta estima, por lo que puedo deducir que soy soportable. Por eso algunos seres errantes de la red leen algunas de las concepciones más pueriles y extravagantes que han salido de mi mente.
Busco dolor. No un dolor intenso y destructivo ni un dolor nimio del que uno pueda reírse. Busco sentir en mi corazón el dolor que impulsa a uno a seguir con vida, como una carga desfibrilante. Supongo que esa es la razón por la cual persigo el objetivo más difícil de todos: conocer. Y conocer de verdad. Cuando haya conseguido eso alcanzaré el placer, el binomio del sufrimiento.
La primera vez en mi vida que me planteé el conocer a alguien en esencia fue cuando, disfrutando del que para mí es el mejor videojuego de todos los tiempos, Final Fantasy VII, un personaje entrañable (Aeris) le dice al protagonista: -"Quiero conocerte". Obviamente, ellos ya se conocen desde hace un tiempo, pero al oír eso, el héroe (Cloud) se desconcierta y le responde: -"Pero estoy aquí..." y ella contraataca: "Pero quiero conocerte".
Tras la experiencia anterior, intenté a la tierna franja de edad de unos 10 a 12 años, descifrar el mensaje oculto en esa conversación. No le veía sentido, pero llegué a una conclusión: Hay algo que no conozco de Aeris. Algo que ni siquiera el narrador omnisciente podría conocer. Y ese algo nace de la experiencia sensual y sentimental. Los cinco sentidos y los sentimientos como la ira, el amor, el odio, la envidia, la lujuria, la pereza y la indiferencia entre muchos otros juegan un papel fundamental en la tarea del descubrimiento interno de alguien.
Creo que este comentario podría causar polémica, pero el amor se me ha quedado corto. Necesito ampliar mis horizontes y creo que este es un buen modo de hacerlo. No quiero inmiscuirme en la vida de los demás sin que ellos me lo permitan, pero si veo una evolución positiva de los acontecimientos, seguiré adelante. Navegando hacia la poderosa tormenta.
A pesar de todo lo expuesto, sé que el mar no podrá provocar el hundimiento de mi inestable ego. No quiero admitirlo pero soy inmortal, y lo sabes. Viviré tras la muerte en las mentes de mis metas: mis seres amados. Pienso dejar huella de algún modo u otro, empezando por seres concretos, individualmente. Pero quiero conocerte, aprender de ti, saber qué deseas de esta vida.
Verás, si a veces soy demasiado directo en mis poco sutiles indirectas ininteligibles es porque se me antoja completamente imposible guardarme para mí mismo todo esto. Es absurdo, en mi cabeza no hay espacio para tanto. Supongo que es mala suerte, como cuando un francotirador escoge a su objetivo. Solo que puedes zafarte de la diana que llevas en el pecho. Si así lo deseas.
Una pequeña confidencia: tras escribir muchos de estos contenidos, uno se queda muy a gusto.
Busco dolor. No un dolor intenso y destructivo ni un dolor nimio del que uno pueda reírse. Busco sentir en mi corazón el dolor que impulsa a uno a seguir con vida, como una carga desfibrilante. Supongo que esa es la razón por la cual persigo el objetivo más difícil de todos: conocer. Y conocer de verdad. Cuando haya conseguido eso alcanzaré el placer, el binomio del sufrimiento.
La primera vez en mi vida que me planteé el conocer a alguien en esencia fue cuando, disfrutando del que para mí es el mejor videojuego de todos los tiempos, Final Fantasy VII, un personaje entrañable (Aeris) le dice al protagonista: -"Quiero conocerte". Obviamente, ellos ya se conocen desde hace un tiempo, pero al oír eso, el héroe (Cloud) se desconcierta y le responde: -"Pero estoy aquí..." y ella contraataca: "Pero quiero conocerte".
Tras la experiencia anterior, intenté a la tierna franja de edad de unos 10 a 12 años, descifrar el mensaje oculto en esa conversación. No le veía sentido, pero llegué a una conclusión: Hay algo que no conozco de Aeris. Algo que ni siquiera el narrador omnisciente podría conocer. Y ese algo nace de la experiencia sensual y sentimental. Los cinco sentidos y los sentimientos como la ira, el amor, el odio, la envidia, la lujuria, la pereza y la indiferencia entre muchos otros juegan un papel fundamental en la tarea del descubrimiento interno de alguien.
Creo que este comentario podría causar polémica, pero el amor se me ha quedado corto. Necesito ampliar mis horizontes y creo que este es un buen modo de hacerlo. No quiero inmiscuirme en la vida de los demás sin que ellos me lo permitan, pero si veo una evolución positiva de los acontecimientos, seguiré adelante. Navegando hacia la poderosa tormenta.
A pesar de todo lo expuesto, sé que el mar no podrá provocar el hundimiento de mi inestable ego. No quiero admitirlo pero soy inmortal, y lo sabes. Viviré tras la muerte en las mentes de mis metas: mis seres amados. Pienso dejar huella de algún modo u otro, empezando por seres concretos, individualmente. Pero quiero conocerte, aprender de ti, saber qué deseas de esta vida.
Verás, si a veces soy demasiado directo en mis poco sutiles indirectas ininteligibles es porque se me antoja completamente imposible guardarme para mí mismo todo esto. Es absurdo, en mi cabeza no hay espacio para tanto. Supongo que es mala suerte, como cuando un francotirador escoge a su objetivo. Solo que puedes zafarte de la diana que llevas en el pecho. Si así lo deseas.
Una pequeña confidencia: tras escribir muchos de estos contenidos, uno se queda muy a gusto.
jueves, 12 de abril de 2012
Mareo
Publicado por
Albert Alsina
en
18:42
Querido diario:
¿Por qué no puedo pensar con claridad en cualquier otra cosa?
Sólo eres un conjunto de bits y de enajenaciones producto de mis ganas de rumiar en nada. Supongo que en ti no hallaré la respuesta.
Hoy el cielo ha llorado lágrimas silenciosas. Disimula, pero todos vemos su llanto.
Hoy no puedo confiar en mi. Ni en ti, estimado ego literario.
Normalmente sé actuar en la mayoría de situaciones, no soy alguien que se sorprenda a menudo, a pesar de que es eso mismo lo que busco. Esto me recuerda a cuando tenía menos de 15 años y duele.
Avanzaré con cautela y respeto. Nunca en exceso.
Ahora me disculparé ante mí mismo por prostituir la escritura para dar a conocer frases vacías. A eso se le llama demagogia y a veces puede ser divertida.
¿Por qué no puedo pensar con claridad en cualquier otra cosa?
Sólo eres un conjunto de bits y de enajenaciones producto de mis ganas de rumiar en nada. Supongo que en ti no hallaré la respuesta.
Hoy el cielo ha llorado lágrimas silenciosas. Disimula, pero todos vemos su llanto.
Hoy no puedo confiar en mi. Ni en ti, estimado ego literario.
Normalmente sé actuar en la mayoría de situaciones, no soy alguien que se sorprenda a menudo, a pesar de que es eso mismo lo que busco. Esto me recuerda a cuando tenía menos de 15 años y duele.
Avanzaré con cautela y respeto. Nunca en exceso.
Ahora me disculparé ante mí mismo por prostituir la escritura para dar a conocer frases vacías. A eso se le llama demagogia y a veces puede ser divertida.
domingo, 25 de marzo de 2012
Rareza, extrañeza, curiosidad, pasión: Felicidad
Publicado por
Albert Alsina
en
0:01
Vais a leer una rareza; algo especial colmará el espacio digital de este rincón solitario de la red: La felicidad embarga el alma del propietario del alma de estas palabras.
Quisiera aclarar que las palabras no se pueden poseer, y por ello aclaro que su alma sí es mía, pues son fragmentos de la que yo mismo albergo.
Partamos de una premisa: La vida es maravilla, es el mayor don que existe, es el regalo más preciado del universo y, sobretodo, puede llegar a ser realmente hermosa. Pero cuidado, sé de buena tinta, como todos vosotros, que alguien que pasa hambre, alguien cuyo país es azotado por la guerra, alguien que ha perdido todo lo que tenía o alguien que no tiene a nadie que le aprecie no puede concebir la vida como algo positivo. Y es que, aún a riesgo de parecer repetitivo, la vida es injusta: Unos tienen más de lo que otros podrán jamás soñar con poseer. Unos tienen enormes yates y otros poseen migas de pan que compartirán con sus familias. Otros no tienen migas de pan. Otros no tienen familia. Otros, ni siquiera, tienen alguien que les estime.
Hoy quisiera gritarle al mundo. Gritar con ira y pasión, armar una oda en su honor y en contra del ser humano. Hoy quisiera dar gracias por la vida que se me ha conferido, por la movilidad de mi humilde cuerpo y por la lucidez (o no) de mi mente. Por supuesto, no le agradezco todo esto a ningún dios (en minúscula). Se lo agradezco al azar y a la Tierra. Al origen de la vida y a todo lo que conforma la mía.
Además de todo lo anteriormente dicho, me gustaría dejar claro que creo que no he podido tener más suerte con los seres queridos con los que me ha tocado lidiar. No toda mi familia está unida y algunos son seres que me son de total indiferencia, pero los seres realmente importantes que la forman son, bajo mi punto de vista, maravillosos, a pesar de la cursilería que se desprende de la palabra.
A la hora de mencionar a mis amistades puede que derrame alguna lágrima. Pero no, no lo haré; ya no. He tenido muchos seres queridos. Los que realmente me aprecian están ahora mismo a mi lado, nos veamos o no. En este punto de mi vida puedo afirmar sin ningún temor a equivocarme que el azar me ha otorgado un 777. Mis amistades son algo fuera de lo común. Una hermandad no sectaria nos une y, aunque ha habido discusiones como es normal, las columnas han seguido intactas e imponentes desde hace muchísimos años.
No voy a nombrar a nadie, pues el riesgo de exclusión es alto y no quisiera deprimir a nadie (aunque sé que no valgo tanto la pena como para provocar ese efecto). Se sentirán aludidos, querido lector, y espero que tú seas uno de ellos para darte las gracias de nuevo y convencerte de que jamás sueltes mi mano. Tú me otorgas y yo hago lo propio.
Todo tiene su fin. Pero cuando algo muere, otro ente nace para dar paso tras su tardía muerte a las próximas sensaciones y sentimientos. La amistad real es algo eterno e inefable. Si se puede describir sin tartamudear o balbucear, no estamos hablando de amistad real. Y si lo consigues, eres todo un Cicerón.
Me dispongo a partir hacia la morada de ciertas amistades, donde me esperan algunos de los seres que más he apreciado en toda mi vida. Lo que allá ocurra, desde un suspiro de hastío hasta una carcajada de burla en animus iocandi serán grabados a fuego en mi egoísta, romántico pero sosegado corazón.
En mi ha despertado la pasión, la emoción, las ganas de seguir viviendo y la ambición sin fin pero con pausa. Si me caigo me levanto y si me golpean les devuelvo el favor.
La música es hermosa, la literatura me transporta a Oniria y el arte comunicativo me lleva a otro nivel de felicidad. La curiosidad, el fuego interno, el misticismo, el romanticismo clásico que yace en mi y el altruismo en su justa medida harán palpitar mi patata vital.
Por último, debo dar las gracias de nuevo al azar por darme a conocer a un verde y puntiagudo pero hermoso ser, a la brevedad de sus interrupciones y al valor de las mismas. A la D mayúscula sin la terminación olorosa.
Gracias. Por leerme y por formar parte del texto.
sábado, 4 de febrero de 2012
Agua fría
Publicado por
Albert Alsina
en
1:01
Ha llegado la hora de dejar atrás los viejos prejuicios que mi mente fabricaba y que deformaban el mundo que tengo ante mis ojos. La evidencia empírica de un mundo plagado de profesionales y de seres con un intelecto bastante privilegiado escapaba a mi entendimiento. La masturbación mental que sigo sufriendo, con la diferencia de que me he dado cuenta, dice que yo soy mejor que el resto, que puedo hacer lo que me proponga sin esfuerzo (aunque esto suponga, claro, un rendimiento inferior a algo realizado con esfuerzo). No es así. No soy tan diferente ni soy tan especial. Todos lo somos a nuestra manera, pero no destaco cómo deseaba. Ni mi mente es tan oscura como presumía ni soy tan complejo como parecía. Un chorro de agua fría hace que se despejen las ideas, pero sienta como si miles de agujas se aferraran a la carne.
Quizá haya llegado el momento de dejar atrás todas estas ideas preconcebidas y afrontar las dificultades con esfuerzo para que el resultado sea el óptimo. Supongo que vivir de modo "suficiente" es orinar sobre la propia vida; supongo que no soy tan bueno en lo que hago. Lo primero es afrontarlo y, luego, superar al resto.
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