jueves, 16 de agosto de 2012

Autoperfección

Una y otra vez... Relájate, seas quien seas y ten un momento de paz contigo mismo. Yo siento una paz que antes no podría haber concebido, ahora soy uno y somos dos. No podría explicarlo de una manera concisa como de costumbre, no os sorprenderá, pero creo que he descubierto qué es la felicidad. 

No se necesitan grandes acciones ni grandes recompensas para que el corazón palpite al ritmo de una sonrisa, soy la prueba viviente de ello aunque soy consciente de que cada ser aspira a algo distinto. Creo que esto me ayudará a seguir creciendo como persona, he cruzado el ecuador de mi vida, he escapado de la tumba que me había cavado yo mismo.

El camino a seguir para llegar a la autoperfección (sabiendo que la perfección en general es inalcanzable y para mí indeseable) es cada vez más evidente. Mi cerebro me marcó una senda y mi corazón otra. La bifurcación me mareaba y no me atrevía a escoger pero he entendido que lo mejor es arrancar el cartel que indica qué hay hacia la izquierda y hacia la derecha e ir andando por el centro, donde las rutas discurren.

Poca lógica necesito, poco razonamiento, ahora que me he conocido mucho mejor. Me será útil, sí, lo reconozco, pero no nacerá de mi seno. 

Conozco el sentimiento más poderoso de todos pero no sabría darle un nombre. Me siento orgulloso de albergarlo entre mis células.

Una vez escogí otorgarte la mitad de mi ser y ahora me he rencontrado con él. Me has demostrado que lo has tratado con amor y respeto, y he aprendido mucho de esa parte que dejé en ti, así que siento felicidad al pensar que mi decisión fue la más acertada que habré tomado en mucho tiempo. Sé que coincidimos en que somos dos almas partidas en dos y unidas por algún azar tonto de la vida de forma equivocada. Ya sabes que no siempre los errores son negativos.

Yo sé que en esta vida he tenido la mayor de las suertes y sé que si intentaran combinar nuestras esencias y sellarlas, el mundo se arrepentiría. Temblarían los cimientos del entendimiento.

lunes, 6 de agosto de 2012

¡Deja de soñar! ¡Deja de no decir nada!


¿Cómo empezar una carta en la que proclamar el suicidio de la cordura en pos de algo que la sustituya?

Siento una presión en el pecho que me ahoga y me hace sentir pequeño, alejado del mundo real. Siento que con cada paso que doy se acerca una tragedia inevitable sea del carácter que sea. Siento que la fantasía siempre es más hermosa que la realidad y que la ficción es flexible frente a la relativa rigidez de la vida empírica.

Siempre lo dejo todo para el final, es un grave defecto que debo eliminar. ¿Me dejaré algo? No, ese no es el problema. ¿Y si pierdo algo? Han pasado muchas primaveras ante mis ojos y escasas ante la inmensidad del planeta. He aprendido y he cometido errores, he sanado unas heridas y he reabierto otras a drede al mismo tiempo que me propinaban nuevas fuentes de amargura.

Me gusta escribir porque me siento grande cuando veo que las palabras fluyen con facilidad a diferencia de cuando intento utilizar el lenguaje oral. Me calo y a menudo no sé por dónde salir. Es este el momento en el que puedo arrojar todo aquello que me hace sufrir y colgarlo para que todos hagáis un ejercicio de empatía, para que disfrutéis del dolor ajeno pero de un modo sano, para aprender todos juntos.

Me gusta vivir. Me gusta disfrutar de lo que no es real, pero también de lo bueno que tiene la Tierra. Me gusta encarar mis temores y vencer ante ellos para luego escupirles y, cuando nadie está mirando, acercarme a sus cuerpos agonizantes y susurrarles: “Gracias por todo. La idea ni siquiera es perfecta, solo es como yo quiero que sea o como creo que necesito que sea. Si el concepto carece de perfección… ¿Puede el ente físico acercarse más a ese estado? No lo sé.

Pero bueno, aquí me tenéis, escuchando atentamente una hermosa composición de una banda que mucha gente jamás conocerá. Aquí estoy, escribiendo frases que no sé si alguno de mis escasos lectores entenderán. Aquí me encuentro, esperando a que algo ocurra cuando debería sentir una felicidad embargadora. ¿Es la felicidad algo real? ¿Lo es el amor? ¿Lo es alguno de los estados que el ser humano denomina como sentimientos? Me da igual, puedo crearlos. Todos podemos hacerlo y eso es lo que hacemos día a día. ¡Me he acostumbrado tanto a crear que ya ni siquiera puedo explicarme sin dar un rodeo! Eso no es un defecto, se trata de un escudo.

He advertido que iba a asesinar a mi cordura, entended que los párrafos carezcan de coherencia entre sí. O Quizá la tienen. ¿Quién sabe?

Hace años que no puedo ser un misterio. No escondo secretos y no soy interesante. Cuento lo que necesito contar y expreso aquello que me oprime. Lo estáis leyendo y lo escucharéis:





De acuerdo, lo reconozco: tengo miedo. De sufrir, de decepcionarme, de morir, de perecer, de fracasar, de causar una mala impresión, de no ser yo mismo, de ti, de él, de ella, de los pronombres personales, del futuro y del presente, del pasado retornante y, sobretodo, de no entender la situación en la que me encuentre.

¿Quién soy? Está claro que yo. De todos modos, si los pilares se resquebrajan, el templo acaba por caer. Los míos son fuertes, de hierro, piedra y madera. Cuando el agua fluye constantemente, acaba por pudrir la madera, por agrietar la piedra y por oxidar el hierro. No voy a hacer una metáfora evidente con el concepto agua. No me refiero a la vida. Bueno, quizá sí, pero no lo entendáis como tal, no es vuestra vida. Ni la mía. Es una metáfora de una metáfora. Nunca bebo agua, pero llega el verano y ya tengo sed.

miércoles, 25 de julio de 2012

Incertidumbre y exilio del alma


Tengo miedo del rechazo, temo la ausencia de una sonrisa sincera y la aparición de una mueca hipócrita. No quisiera que mi pobre mundo se autodestruyera con tu presencia, aunque ya no fuera necesario. Lo único que deseo es conservar esa oscuridad en mí pero teñirla de tu luz creativa. Un abrazo compasivo me dejaría a años luz de la felicidad y uno sincero tendría un efecto desconocido sobre mí. Solo un ser más allá de la comprensión podría provocar un efecto semejante y sé de buena tinta que los sentimientos son irracionales, ergo difíciles de entender.

Me encanta imaginar que existo en una ciudad ya olvidada. No, en la ruinas de esa misma civilización. Esos conjuntos de construcciones no tienen por qué ser fantásticos; de hecho, cuando cierro los ojos visiono claramente los restos de las antiguas polis griegas y las losas ya desgastadas de los foros romanos. Durante una época de auge político y económico se gestó la mayor decadencia humana. Muerte, enfermedades, corrupción, esclavismo entre otros hechos desafortunados poblaron las mentes de los habitantes del clásico lugar, de la cuna de nuestra cultura. Decidme, ¿no hay lugar más hermoso para perder el espíritu que el emplazamiento del génesis de nuestra inocencia y de nuestra suspicacia? Existieron muchas otras culturas antes que las que asentaron nuestras bases, pero la coexistencia del arte y la superficialidad más profundos me hace creer que nunca nada está perdido, que lo hermoso siempre tendrá su lugar y que el simbolismo poblará mi cerebro hasta que se pudra en el interior de los gusanos o hasta que se reduzca a cenizas y flote hasta los bosques menos conocidos, donde la música primigenia del pájaro y del árbol al que susurra el viento calme a mi ego muerto.

Por eso a veces cuesta comprenderme. Ando perdido entre antiguas civilizaciones y entre anacronismos varios. No me gusta el mundo actual, no me gustan las guerras frías a las que estamos sometidos. No me gusta que todo esté al alcance de nuestra mano pero que aún así contraigamos nuestros dedos para cerrar el puño golpeando a la cultura global que se nos ofrece. Antaño, si queríamos conocer otras tierras y sus filosofías debíamos olvidarnos de la nuestra durante un tiempo y partir dejando todo atrás. Si volvíamos seríamos más sabios, si no, nuestra sabiduría sería sencillamente diferente.

¿Cuántas veces he soñado con agarrar una libreta y un bolígrafo y partir al templo del cabo de Súnion?

Cabo de Súnion. Fuente:  http://ernesto51.files.wordpress.com
Creo que he llegado a la conclusión de que el ser al que conozco con mayor profundidad no es a mí mismo, sino al ego que he creado y que has creado con el paso de los años. Mi ego original murió y de sus cenizas renació un ente formado por la esencia del anterior y por una cantidad considerable de fragmentos de tu alma. Soy feliz por ello; todos morimos y renacemos día a día. Y cuando he ido conociendo a otros individuos capaces de dejar mella en mí, he abierto huecos en mi corazón que creía inexistentes para no tener la necesidad de borrar quién soy de mi código genético.

martes, 8 de mayo de 2012

Bu-Shi-Do

Esta noche quiero dedicarle un pequeño pero gran espacio a Japón. Pequeño porque este rincón de la Red es casi inexistente y grande porque ocupa un espacio considerable en mi alma.


¿Qué es lo más importante según la cultura occidental? Lo único que no se perdió cuando Pandora abrió esa maldita caja: la esperanza. Y de la esperanza nace la necesidad de seguir adelante por todos los medios; la voluntad, al fin y al cabo, de vivir; la vida.


La cultura oriental clásica tiene un enfoque muy diferente al nuestro como todos sabréis. Concretamente la cultura nipona arraigada en el bushido o el camino del samurai (guerrero) antepone el honor a todo lo demás.


Todas las culturas del mundo guardan sus diferencias. Algunos puntos de vista son inconcedibles desde el otro rincón del globo. Si la vida es lo único que nos mantiene existiendo, ¿cómo es posible que alguien valore el honor más que la propia supervivencia? Entiendo que no se comprenda o asimile rápidamente, pero si nos esforzamos podremos ver la profundidad de las palabras del samurai.


El buen guerrero debía seguir 7 normas o principios que regían el Bushido: 

  • el Gi, la honradez o la justicia; 
  • el Yu, el valor; el Jin, la compasión; 
  • el Rei, la cortesía; 
  • el Meyo, el honor; 
  • el Makoto, la sinceridad absoluta; 
  • el Chugo, la lealtad y el deber. 
Los 7 preceptos y los kanjis de Bushido en el centro. Fuente: Bushido-Le-Samurai




Como se desprende de estos preceptos, la vida del samurai no era sencilla. 


Un caminante en la senda del guerrero debía ser honrado con todos y cuando se hablaba de justicia aludía a la propia, a la que surgía de su corazón.


"El coraje heróico no es ciego. Es inteligente y fuerte"; el samurai no se escondía jamás. A pesar de haber recibido un entrenamiento para soportar unas batallas extenuantes, el buen guerrero no era despiadado. La compasión era necesaria para conservar el honor. 


Según el Jin, "El samurai debe ayudar a sus hermanos en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla". Incluso podían desviarse de la senda para alargar la mano al resto.


Un samurai no necesita mostrar su fuerza, por eso existe el Rei, la cortesía. El samurai es temido por su fiereza en la batalla pero es respetado por su trato con los demás.


La más importante de las bases a mi parecer, el Meyo, el honor, dice que el único juez del samurai es él mismo. Sus decisiones serán el reflejo del ser que habita en el alma del guerrero.


Para el siguiente punto, el Makoto, la sinceridad absoluta, únicamente puedo citar una frase: "Hablar y hacer son, para un samurai, la misma acción".


La séptima norma del bushido habla de la lealtad. El Chugo dice que el samurai es responsable de todo lo que ha dicho y hecho y se debe atener a las consecuencias. El samurai siempre le será fiel a aquel que está bajo su protección.


"Las palabras de un samurai son como sus huellas: puedes seguirlas donde quiera que él vaya, por ello el samurai debe tener cuidado con el camino que sigue".






Es hermoso... La katana no se usaba para asesinar. La katana se desenvainaba para defender a alguien en peligro y, como consecuencia, morían otros samurais. Pero ellos mismos seguían la senda del bushido y estaban dispuestos a morir usando su propia vida como escudo para defender su honor. Cuando un samurai consideraba que se había extraviado de la senda correcta, se hacía el Harakiri. El Harakiri es un ritual de suicidio que consiste en apuñalarse a uno mismo el estómago e ir abriendo la herida con un arma blanca de tamaño reducido. Si un familiar o un ser cercano consideraba que la falta no eclipsaba toda una vida de honor, cortaba la cabeza a la víctima con una katana para acabar con su sufrimiento de un modo honorable.


Si tú darías la vida por el ser al que más amas, no eres tan diferente de un samurai. Si entre llantos de dolor y charcos de sangre puedes divisar la figura del sentido de tu vida, habrás muerto como un guerrero sin saberlo. Corrían otros tiempos y los pensamientos no son inamovibles, pero la historia ha dejado mella en mi frágil alma occidental. No empuñaré una katana, pero si levantaré mi voz, usaré mis derechos y me saldré del camino para eliminar los obstáculos en la senda de mis seres queridos. Bushido es más que un camino, bushido es lo que tú veas que hay oculto bajo las rocas del límite del mapa.


No sé si me he explicado, pero con esto justifico uno de mis proyectos de tatuaje: Bu-shi-do.

jueves, 3 de mayo de 2012

Silencio

No tengo nada que decir, pero dicen que en el arte se pude jugar con el vacío, con el silencio, con la oscuridad...

Os animo a que escribáis lo primero que se os pase por la cabeza en los comentarios, desde una opinión personal de lo que hago, de cómo soy y de mi psique hasta un pequeño escrito para demostrar que me pasáis la mano por la cara, pasando por dedicatorias de paz, amor y odio o declaraciones de guerra. Todo esto, si queréis, de forma totalmente anónima.

Hoy solo habrá silencio. Os escucho, que ya va siendo hora de callar un poco.