viernes, 7 de diciembre de 2012
Basta de resistirse
Publicado por
Albert Alsina
en
5:04
Lo único que deseo en estos instantes no es algo excesivamente ambicioso. Solo quiero partir, descubrir qué demonios albergo en mi cerebro. No necesito grandes inversiones de capital, ni un esfuerzo titánico, pero sí es necesaria una gran fortaleza. Se han despertado nuevas sensaciones, pero algunas de ellas no son sanas. ¿Cómo puedo sentir celos de alguien a quién no conozco? ¿Cómo voy precisamente YO a sentir celos? Eso no forma parte de mi forma de ser... No entiendo qué está pasando, tengo algo de miedo. Debo descubrir el por qué de todo esto, el por qué de esta locura. Me siento tan infantil como cuando tenía solo 15 primaveras. Incluso conservo esperanzas que sé que son vanas. Tengo la certeza de estar persiguiendo algo imposible, pero no voy a dejar de luchar por algo imposible solo porque lo sea. Supongo que soy algo temerario pero quiero vivir y no asesinar los detalles que me dan los pocos resquicios de oxígeno que me quedan. Vive y respira con fuerza... Dame de la mano e impide que me ahogue.
lunes, 19 de noviembre de 2012
Carpe Diem Oscuro
Publicado por
Albert Alsina
en
16:08
Después de todo el dolor blandido por la inseguridad y la incertidumbre, de compartir plato con la nada y sostener la mirada al vacío, alguien abrió la puerta del salón del estancamiento, empujó a mis pesarosos comensales y, ante mí, hendió su puñal de pasión sobre sus pechos henchidos en maldad.
¿Qué puedo decir? El miedo corría por mis venas como la sangre que me da la vida. Se reiniciaba el proceso de vivir y me obligué a mí mismo a levantarme, a despegar mi cuerpo de esa silla de rutina. Todo lo que podía ver era fuego y hielo. La nueva incorporación clavó sus iris en mí e intenté huir de inmediato, pero al percatarme de que no me seguía recapacité y mantuve la compostura. Nadie puede reprocharme la cobardía de la que hice gala en la ornamentada habitación de mi alma pues allí no permanecían más que ese ser y mi propio ego.
Varios cadáveres decoraban la larga y robusta mesa que regía el lugar. Ello se acercó lentamente a mí, en un primer amago de movimiento tras sus actos mortales. Sus ojos seguían en comunión con los míos. No me alejé, fui hacia ello. Las sombras detallaban su cuerpo, impidiéndome ver su piel. No divisaba su sexo. ¿Era hombre o era mujer? O quizá no fuera humano. Recuerdo que no pensé en ello en aquél momento. Me resultaba tan fascinante que algo hubiese conseguido entrar en los resquicios más insanos de mi alma que poco me importaban el resto de factores a tener en cuenta.
Un órgano lúgubre sonaba a cada paso que ambos dábamos. Una comitiva de violinistas, violoncelistas y arpistas daban paso a algo nuevo. A medida que nos acercábamos, la sala se derruía y se generaban nuevas formas. A nuestro paso aparecieron iglesias románicas, catedrales barrocas, frisos clásicos, pórticos de templos griegos, ruinas de civilizaciones olvidadas, tumbas de poetas no reconocidos y criptas de los reyes más grandes que ha dado la historia. Si nada de ello hubiese ocurrido en el pasado, seguramente el ente que tenía ante mí y yo mismo jamás hubiésemos compartido el oxígeno de un mismo lugar.
He escogido finalmente quedarme encerrado en mi propio ser, con ello sentado a mi lado. Compartimos experiencias de la vida y la muerte, definimos con precisión un sentimiento y dibujamos en el castillo de mi fuero interno todas las formas que ha dado el ser humano y que han entregado a la Tierra seres desconocidos. Me gusta, no duele. Sé que con el paso de las manillas del reloj que decora la pared de mi fortaleza ello me abandonará. Para entonces quizá ya han vuelto mis compañeros asesinados: La inseguridad, la incertidumbre, la nada y el vacío.
De momento disfrutaré del momento. Un Carpe Diem eterno al lado de ese ser oscuro.
lunes, 20 de agosto de 2012
Choque de almas - ¡Hasta pronto!
Publicado por
Albert Alsina
en
20:53
Solo le pido a la vida una oportunidad, un milagro, un golpe de suerte, un desliz del destino indeterminado...
He tenido ante mí lo más hermoso de la Tierra. Sospecho que una parte de ello se ha quedado conmigo para siempre, pero es frustrante no poder beber del Santo Grial cuando lo tienes aferrado entre tus manos temblorosas pero tranquilas.
He sido dos y he sido uno. Es la primera vez que siento que puedo ponerme a escribir como si no hubiera nadie más en la habitación. Menuda reserva de inspiración y de creatividad te gastas...
No creo que volver a mi origen sea algo negativo para mí. Sin ir más lejos, creo que ya era necesario. De todos modos, la convivencia constante en una situación tan bizarra desgasta el corazón del tipo más duro que hayáis conocido. Cuando el escudo se quiebra y la piel empieza a escocer y a enrojecerse es cuando el dolor aflora. Cuando dejas que la piel desaparezca, que los músculos se entumezcan y que el hueso se astille es porque tu corazón lo ordena, pero no tu cerebro.
Y así vuelvo: con una herida temporal en el pecho y con la mayor de las felicidades solo superada por una situación ideal que sabe Dios si tendrá lugar.
Después de hacerle una petición a la vida, le doy las gracias por esta oportunidad de conocerme a mí mismo, de entender a mi otra mitad y, qué carajo, de conocerte a ti.
No exagero, duele. Pero esta vez es un dolor dulce. Es el dolor más comprensible del que he hecho gala en esta plataforma.
"Tengo dos mil razones para olvidarme de todo y no pensar más que en tu voz"
jueves, 16 de agosto de 2012
Autoperfección
Publicado por
Albert Alsina
en
20:38
Una y otra vez... Relájate, seas quien seas y ten un momento de paz contigo mismo. Yo siento una paz que antes no podría haber concebido, ahora soy uno y somos dos. No podría explicarlo de una manera concisa como de costumbre, no os sorprenderá, pero creo que he descubierto qué es la felicidad.
No se necesitan grandes acciones ni grandes recompensas para que el corazón palpite al ritmo de una sonrisa, soy la prueba viviente de ello aunque soy consciente de que cada ser aspira a algo distinto. Creo que esto me ayudará a seguir creciendo como persona, he cruzado el ecuador de mi vida, he escapado de la tumba que me había cavado yo mismo.
El camino a seguir para llegar a la autoperfección (sabiendo que la perfección en general es inalcanzable y para mí indeseable) es cada vez más evidente. Mi cerebro me marcó una senda y mi corazón otra. La bifurcación me mareaba y no me atrevía a escoger pero he entendido que lo mejor es arrancar el cartel que indica qué hay hacia la izquierda y hacia la derecha e ir andando por el centro, donde las rutas discurren.
Poca lógica necesito, poco razonamiento, ahora que me he conocido mucho mejor. Me será útil, sí, lo reconozco, pero no nacerá de mi seno.
Conozco el sentimiento más poderoso de todos pero no sabría darle un nombre. Me siento orgulloso de albergarlo entre mis células.
Una vez escogí otorgarte la mitad de mi ser y ahora me he rencontrado con él. Me has demostrado que lo has tratado con amor y respeto, y he aprendido mucho de esa parte que dejé en ti, así que siento felicidad al pensar que mi decisión fue la más acertada que habré tomado en mucho tiempo. Sé que coincidimos en que somos dos almas partidas en dos y unidas por algún azar tonto de la vida de forma equivocada. Ya sabes que no siempre los errores son negativos.
Yo sé que en esta vida he tenido la mayor de las suertes y sé que si intentaran combinar nuestras esencias y sellarlas, el mundo se arrepentiría. Temblarían los cimientos del entendimiento.
Yo sé que en esta vida he tenido la mayor de las suertes y sé que si intentaran combinar nuestras esencias y sellarlas, el mundo se arrepentiría. Temblarían los cimientos del entendimiento.
lunes, 6 de agosto de 2012
¡Deja de soñar! ¡Deja de no decir nada!
Publicado por
Albert Alsina
en
1:57
¿Cómo
empezar una carta en la que proclamar el suicidio de la cordura en pos de algo
que la sustituya?
Siento
una presión en el pecho que me ahoga y me hace sentir pequeño, alejado del
mundo real. Siento que con cada paso que doy se acerca una tragedia inevitable
sea del carácter que sea. Siento que la fantasía siempre es más hermosa que la
realidad y que la ficción es flexible frente a la relativa rigidez de la vida
empírica.
Siempre
lo dejo todo para el final, es un grave defecto que debo eliminar. ¿Me dejaré
algo? No, ese no es el problema. ¿Y si pierdo algo? Han pasado muchas
primaveras ante mis ojos y escasas ante la inmensidad del planeta. He aprendido
y he cometido errores, he sanado unas heridas y he reabierto otras a drede al
mismo tiempo que me propinaban nuevas fuentes de amargura.
Me
gusta escribir porque me siento grande cuando veo que las palabras fluyen con
facilidad a diferencia de cuando intento utilizar el lenguaje oral. Me calo y a
menudo no sé por dónde salir. Es este el momento en el que puedo arrojar todo
aquello que me hace sufrir y colgarlo para que todos hagáis un ejercicio de
empatía, para que disfrutéis del dolor ajeno pero de un modo sano, para aprender todos juntos.
Me
gusta vivir. Me gusta disfrutar de lo que no es real, pero también de lo bueno
que tiene la Tierra. Me gusta encarar mis temores y vencer ante
ellos para luego escupirles y, cuando nadie está mirando, acercarme a sus
cuerpos agonizantes y susurrarles: “Gracias
por todo”. La idea ni siquiera es perfecta, solo es como yo quiero que
sea o como creo que necesito que sea. Si el concepto carece de perfección…
¿Puede el ente físico acercarse más a ese estado? No lo sé.
Pero
bueno, aquí me tenéis, escuchando atentamente una hermosa composición de una
banda que mucha gente jamás conocerá. Aquí estoy, escribiendo frases que no sé
si alguno de mis escasos lectores entenderán. Aquí me encuentro, esperando a
que algo ocurra cuando debería sentir una felicidad embargadora. ¿Es la
felicidad algo real? ¿Lo es el amor? ¿Lo es alguno de los estados que el ser
humano denomina como sentimientos? Me da igual, puedo crearlos. Todos podemos
hacerlo y eso es lo que hacemos día a día. ¡Me he acostumbrado tanto a crear
que ya ni siquiera puedo explicarme sin dar un rodeo! Eso no es un defecto, se
trata de un escudo.
He
advertido que iba a asesinar a mi cordura, entended que los párrafos carezcan
de coherencia entre sí. O Quizá la tienen. ¿Quién sabe?
Hace
años que no puedo ser un misterio. No escondo secretos y no soy interesante.
Cuento lo que necesito contar y expreso aquello que me oprime. Lo estáis
leyendo y lo escucharéis:
De
acuerdo, lo reconozco: tengo miedo. De sufrir, de decepcionarme, de morir, de
perecer, de fracasar, de causar una mala impresión, de no ser yo mismo, de ti,
de él, de ella, de los pronombres personales, del futuro y del presente, del
pasado retornante y, sobretodo, de no
entender la situación en la que me encuentre.
¿Quién
soy? Está claro que yo. De todos modos, si los pilares se resquebrajan, el templo
acaba por caer. Los míos son fuertes, de hierro, piedra y madera. Cuando el
agua fluye constantemente, acaba por pudrir la madera, por agrietar la piedra y
por oxidar el hierro. No voy a hacer una metáfora evidente con el concepto agua. No me refiero a la vida. Bueno,
quizá sí, pero no lo entendáis como tal, no es vuestra vida. Ni la mía. Es una
metáfora de una metáfora. Nunca bebo agua, pero llega el verano y ya tengo sed.
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