Me gustaría retroceder en el tiempo, pero no para cambiar mi pasado, que es la base de mi futuro y lo que justifica mi presente. No, mi voluntad anacrónica nace del deseo de volver a sentir.
Durante la adolescencia nos vemos ahogados entre consejos adultos. La mayoría de ellos son pura fanfarronería que yo mismo he llegado a reproducir, pero algunos destilan sabiduría pura.
-"¡Vive ahora como si mañana fuera el último día!"
-"Siente todo lo que puedas sentir. Amor y odio; tristeza y alegría".
-"No te cierres a nada".
-"¿Por qué no intentas escribir una poesía?"
Me pasé los días encerrado en casa jugando a la videoconsola. Aprendí mucho así, aunque a priori parezca imposible, pero me perdí muchos detalles. Luego conocí a mis hermanos y desde entonces desterré a ese niño solitario que rehusaba la compañía humana. Al menos físicamente...
El segundo consejo lo seguí al pie de la letra, aunque no a voluntad. De todos modos, solo pude disfrutar la faceta negativa de la pasión. Miles de lágrimas derramé, pero de ese lago cristalino nació mi ego presente. De esa tortura nacieron estas palabras. Esta es la razón principal de querer volver al pasado... Quiero volver a sentir como un adolescente; quiero escribir como un virtuoso del piano al rozar las teclas. Anhelo volver a dejar que mis dedos corran libres y salvajes para luego emocionarme por un mensaje que ni yo mismo entiendo de dónde procede.
Deseo volver a sentir con fuerza para demostrarte qué es sentirse amado, para que entiendas qué es el amor, para que veas qué es una mirada de fascinación, para que en tus ojos se refleje mi espíritu. Lo que hoy te escriba no se compara con lo que el Albert adolescente habría creado. Pero ese muchacho está escondido en lo más profundo de mi ser.
Desde que mi padre me dijo una vez que "en el mundo hay de todo, hijo", descubrí que casi todo es posible y lo que no, es imaginable. Por eso mismo creo lo que no existe mediante la literatura y, de ese modo, creo mi mundo perfecto.
Por último... El cuarto consejo me lo dio mi profesora de castellano. Carmen, te debo muchísimo. Si no hubiese sido por esa poesía que me mandaste hacer... "Pero profe, yo no sé escribir. Y mucho menos hacer poesía". Insististe en que era un trabajo obligatorio y... Nació mi yo poeta. Abriste la caja de Pandora y empecé a destilar relatos, estados y a describir todo lo que me rodeaba.
Por último...
Me gustaría volver a conocer a mis hermanos una y otra vez. Repetir el día en que Víctor, Rubén y yo fuimos a nuestro primer Salón del Manga y dónde conocí a Ana y al propio Rubén. Volver a estrechar por primera vez la mano de Carlos. Volver a dedicarle una sonrisa idiota a Danny. Volver a escribirle esa nota a María. Volver a llamar rubia por primera vez a Laia. Volver a extrañarme de que Edu maquille cadáveres. Volver a reírme con un desconocido llamado Jose de lo ridículo que era ese juego. Volver a fotografiar a un hada llamada Jéssica... Volver a agregar a una vallisoletana con dudas existenciales llamada Marta... Volver a nacer en la misma habitación que Víctor... Volver a llorar como ahora mismo. Volver a mirar a Buenafuente con interés para volverme y ver a mi lado a una mujer hermosa; ofrecerle mi asiento y que me conteste que "no, gracias", con una sonrisa cautivadora causando que él deje de ser el centro de atención.
Volver a hacer muchas cosas, pero con 15 años.
viernes, 1 de marzo de 2013
viernes, 22 de febrero de 2013
Cáncer y muerte
Publicado por
Albert Alsina
en
1:08
No es la primera vez que el cáncer se lleva a un ser querido. Ni será la última, estoy seguro.
Primero arrebató el alma de una niña que solía golpear la ventana de mi hermana para colarse en mi casa y hablar con ella de cosas de "niñas mayores". Recuerdo que siempre esgrimía una sonrisa pícara y que yo era solo un niño tonto cuya mayor preocupación era no guardar la partida. Apenas la conocí realmente, no hubo tiempo. Lo único que sé es que era tan radiante como el sol durante el alba y que algo que no es el Dios al que tantos culpan y adoran le consumió la vida.
Luego te fuiste tú, compañero de aventuras virtuales. Tú, una especie de mentor. Tú, un hombre disoluto con defectos y virtudes... Eras tú el que aguantaba mis pataletas y eras tú el que me acompañaba en mis sesiones de juego en tu propia casa. "¡Quiero que te calientes la cabeza!" Decías. No me permitías tocar un videojuego simple. No, debía pensar, debía crecer. ¿Sabes? Creo que creías en mí; creo que creías en mis capacidades y creo que sabías que podías hacerme crecer. No fuiste el padre perfecto, ni tampoco el esposo ideal. Pero sí fuiste amigo y compañero de mi propio padre. Te perdí de vista y solo una llamada me recordó que existías. "¿Me vendrás a ver?" Estabas en el hospital, "malo", según mi madre. No le di importancia. Seguramente te recuperarías pronto. Al poco tiempo me llegó la noticia de tu muerte. "¿Cáncer? ¿Qué es eso?". Te perdí y ni siquiera me pude despedir. Te perdí y obtuve una espina imperecedera. Te perdí y aprendí que no necesitas pasar mucho tiempo con alguien para amarle. Tú también eras joven y no eras un santo, pero desde mi inocencia recuerdo tu presencia.
Finalmente, y hace semanas partiste tú. Tita, (no, no puedo llamarla tía desde la formalidad) no olvidaré jamás cómo cada seis de enero esperabas con ilusión nuestra llegada a tu casa para entregarnos el regalo anual. ¡Siempre me obsequiabas con unas deportivas preciosas! La família, aunque nunca ha estado cohesinada, se reunía en tu hogar y allá olvidábamos que el tiempo era tiempo. Tú sí eras una santa. No permitiré que nadie diga lo contrario. Jamás actuaste sin nobleza, jamás hiciste daño a nadie. De ti obtuve el DON del altruismo, la sonrisa disponible para todos aquellos que me aman, la positividad y el afán de superación. Te dije que no estaba contento con mis estudios actuales, pero los terminaré y escribiré la novela que nunca llegarás a leer. Lo haré en tu memoria y en honor a todas las personas que me han dado la vida. No le di importancia a tu presencia hasta que me di cuenta de que jamás volvería a oír tus broncas o tus exclamaciones cuando hacía yo algo que no te gustaba. Ese cuerpo inerte no eras tú, era un recipiente de lo que un día fue un ángel caído. Muchas desgracias te acompañaron en vida, pero ahora eres libre, seas o no. Ver a una madre llorar por la pérdida de su hermana me hace pensar en que yo también los perderé y que a mí me perderá alguien. No, no soy pesimista, es la ley de la vida. Duele; duele mucho más ver caer una lágrima materna que el sentimiento de pérdida. ¡Brindaré por ti cada vez que beba tu amado cava!
A todos los que hayáis perdido a alguien os doy un consejo: No los olvidéis, pero no los substituyáis. Expandid horizontes y dejad entrar nuevos habitantes a vuestro fuero interno, pero no expulséis el recuerdo que queda de los caídos. Tatuad en vuestro corazón sus nombres, pues el pasado es lo que nos conforma, y a mí me conforman los vivos y Cristina, Juan y mi tía Manoli.
Decidí hace mucho tiempo que voy a aprender de todo aquél que entre en mi vida. Aprenderé cómo ser y qué no hacer. Solo hay una vida, y un día seré yo el que tenga que soportar bajo la piedra en que reposen mis cenizas vuestras lágrimas, así que haré todo lo que deseo y me entregaré al máximo a quien ame.
Primero arrebató el alma de una niña que solía golpear la ventana de mi hermana para colarse en mi casa y hablar con ella de cosas de "niñas mayores". Recuerdo que siempre esgrimía una sonrisa pícara y que yo era solo un niño tonto cuya mayor preocupación era no guardar la partida. Apenas la conocí realmente, no hubo tiempo. Lo único que sé es que era tan radiante como el sol durante el alba y que algo que no es el Dios al que tantos culpan y adoran le consumió la vida.
Luego te fuiste tú, compañero de aventuras virtuales. Tú, una especie de mentor. Tú, un hombre disoluto con defectos y virtudes... Eras tú el que aguantaba mis pataletas y eras tú el que me acompañaba en mis sesiones de juego en tu propia casa. "¡Quiero que te calientes la cabeza!" Decías. No me permitías tocar un videojuego simple. No, debía pensar, debía crecer. ¿Sabes? Creo que creías en mí; creo que creías en mis capacidades y creo que sabías que podías hacerme crecer. No fuiste el padre perfecto, ni tampoco el esposo ideal. Pero sí fuiste amigo y compañero de mi propio padre. Te perdí de vista y solo una llamada me recordó que existías. "¿Me vendrás a ver?" Estabas en el hospital, "malo", según mi madre. No le di importancia. Seguramente te recuperarías pronto. Al poco tiempo me llegó la noticia de tu muerte. "¿Cáncer? ¿Qué es eso?". Te perdí y ni siquiera me pude despedir. Te perdí y obtuve una espina imperecedera. Te perdí y aprendí que no necesitas pasar mucho tiempo con alguien para amarle. Tú también eras joven y no eras un santo, pero desde mi inocencia recuerdo tu presencia.
Finalmente, y hace semanas partiste tú. Tita, (no, no puedo llamarla tía desde la formalidad) no olvidaré jamás cómo cada seis de enero esperabas con ilusión nuestra llegada a tu casa para entregarnos el regalo anual. ¡Siempre me obsequiabas con unas deportivas preciosas! La família, aunque nunca ha estado cohesinada, se reunía en tu hogar y allá olvidábamos que el tiempo era tiempo. Tú sí eras una santa. No permitiré que nadie diga lo contrario. Jamás actuaste sin nobleza, jamás hiciste daño a nadie. De ti obtuve el DON del altruismo, la sonrisa disponible para todos aquellos que me aman, la positividad y el afán de superación. Te dije que no estaba contento con mis estudios actuales, pero los terminaré y escribiré la novela que nunca llegarás a leer. Lo haré en tu memoria y en honor a todas las personas que me han dado la vida. No le di importancia a tu presencia hasta que me di cuenta de que jamás volvería a oír tus broncas o tus exclamaciones cuando hacía yo algo que no te gustaba. Ese cuerpo inerte no eras tú, era un recipiente de lo que un día fue un ángel caído. Muchas desgracias te acompañaron en vida, pero ahora eres libre, seas o no. Ver a una madre llorar por la pérdida de su hermana me hace pensar en que yo también los perderé y que a mí me perderá alguien. No, no soy pesimista, es la ley de la vida. Duele; duele mucho más ver caer una lágrima materna que el sentimiento de pérdida. ¡Brindaré por ti cada vez que beba tu amado cava!
A todos los que hayáis perdido a alguien os doy un consejo: No los olvidéis, pero no los substituyáis. Expandid horizontes y dejad entrar nuevos habitantes a vuestro fuero interno, pero no expulséis el recuerdo que queda de los caídos. Tatuad en vuestro corazón sus nombres, pues el pasado es lo que nos conforma, y a mí me conforman los vivos y Cristina, Juan y mi tía Manoli.
Decidí hace mucho tiempo que voy a aprender de todo aquél que entre en mi vida. Aprenderé cómo ser y qué no hacer. Solo hay una vida, y un día seré yo el que tenga que soportar bajo la piedra en que reposen mis cenizas vuestras lágrimas, así que haré todo lo que deseo y me entregaré al máximo a quien ame.
martes, 29 de enero de 2013
Sueños de bien y mal
Publicado por
Albert Alsina
en
17:03
Hoy quiero ser la esencia densa de la más recóndita oscuridad. Inalcanzable, intocable, huyo de ti. A cada paso que das me desvanezco un poco más y río con histeria únicamente para que tu alma tiemble. Es fácil que me pierdas y es lo que el impulso me hace querer; bajo los pórticos del eterno castillo en ruinas que es mi frágil mente yazco solo cuando no miras. Los ventanales proyectan luces teñidas del color del cristal que ha visto derramar sangre por batallas sin sentido. No me encontrarás allí, pues temo a la luz. Mis temores, de todos modos, solo dificultarán tu búsqueda, y yo sigo riendo desde las sombras porque sé que jamás podrás volver a tocarme. Es la venganza que me brindan los Dioses. Es la dulzura de tus lágrimas amargas y el vacío en tu corazón lo que nunca me he planteado desear y que, ahora, se me antoja probar.
Se me acortaría la vida si viera tu ceño fruncido y tu semblante alicaído, pero ahora que no soy nada puedo saborear tu derrota. Persígueme e intenta que vuelva a ser pura luz. Intenta crear la ilusión de que nunca perdí ese brillo plateado en mi corazón. Miéntete y miente a todo el mundo, pero él ha sido el causante de mi amargura y, tú, sin saber siquiera por qué, alcanzaste el sol con las manos y lo colocaste a mis pies. La lux aeterna bañaba mi rostro y mi ser, pero tú misma retiraste la estrella y te fuiste lejos.
Me dejaste claro que ni siquiera los sueños son eternos, que la vida es efímera y que la felicidad es como un orgasmo. ¿Me dejarás seguir cayendo en este pozo de angustia? Ni tan solo el sueño, la imaginación o la fantasía pueden salvarme ya. Desenvaino una sonrisa y te desarmo de preguntas incisivas, pero es la gran mentira la que me permite seguir viviendo; es la negación eterna de que haya un problema, es la duda, es la incertidumbre y la indiferencia; es la impotencia, sobretodo la impotencia.
Confío en ti. Sé que puedes rescatarme. La esperanza es lo único que Pandora no perdió.
Mi alma estará esperando en el altar de mi indiferencia. Ahí permanecerá durante años hasta que la encuentres si decides salir en su busca.
Se me acortaría la vida si viera tu ceño fruncido y tu semblante alicaído, pero ahora que no soy nada puedo saborear tu derrota. Persígueme e intenta que vuelva a ser pura luz. Intenta crear la ilusión de que nunca perdí ese brillo plateado en mi corazón. Miéntete y miente a todo el mundo, pero él ha sido el causante de mi amargura y, tú, sin saber siquiera por qué, alcanzaste el sol con las manos y lo colocaste a mis pies. La lux aeterna bañaba mi rostro y mi ser, pero tú misma retiraste la estrella y te fuiste lejos.
Me dejaste claro que ni siquiera los sueños son eternos, que la vida es efímera y que la felicidad es como un orgasmo. ¿Me dejarás seguir cayendo en este pozo de angustia? Ni tan solo el sueño, la imaginación o la fantasía pueden salvarme ya. Desenvaino una sonrisa y te desarmo de preguntas incisivas, pero es la gran mentira la que me permite seguir viviendo; es la negación eterna de que haya un problema, es la duda, es la incertidumbre y la indiferencia; es la impotencia, sobretodo la impotencia.
Confío en ti. Sé que puedes rescatarme. La esperanza es lo único que Pandora no perdió.
Mi alma estará esperando en el altar de mi indiferencia. Ahí permanecerá durante años hasta que la encuentres si decides salir en su busca.
miércoles, 23 de enero de 2013
Son solo posibilidades
Publicado por
Albert Alsina
en
0:51
La frialdad es la fortaleza definitiva y final de todos nosotros. A pesar de todo, puede que no sea esa la intención del criminal que te hace sufrir. Puede que el criminal sea más inocente que tú, y puede que tú tengas poco de inocente. Puede que la ausencia duela mucho más que la presencia de una espada clavada en el pecho, y puede que no pueda y que sea una certeza.
No es la melancolía la que ataca ahora con la fuerza desbocada de un toro rabioso y bravío, que tras la cornada lame tus heridas, te mira con tristeza y empatía y se compadece de ti. No, se trata de algo nuevo, de algo que hace que el pasado oscuro quede cegado por luces eternas e infinitas; y deja los viejos recuerdos que alimentan el alma y hacen que se crezca en el pecho aprisiónandola.
Con cada vez menos espacio, la esencia intenta escapar de su prisión de huesos, pero ella sabe que tú y tu corazón sabéis que el único modo de liberarla es presentando aquello que permite pronunciar palabras de amor y odio; aquello que roza y despierta la pasión, aquello que durante unos instantes hace que los dos amantes fijen sus miradas y sean uno. Al menos durante unos instantes, unos instantes de vida.
¿Acaso no oyes latir el corazón que bombea sangre para que los labios se mantengan calientes y darte así cobijo? Podría darse el caso que estos brazos te protejan del dolor, podría ser que estas piernas corran en tu ayuda, es probable que estos dedos roben tus lágrimas y es evidente que estos ojos robarán tu alma. Así pues, cuida a tu escudo y escudero y no permitas que el metal se oxide. No dejes que la lluvia borre mi ser.
No es la melancolía la que ataca ahora con la fuerza desbocada de un toro rabioso y bravío, que tras la cornada lame tus heridas, te mira con tristeza y empatía y se compadece de ti. No, se trata de algo nuevo, de algo que hace que el pasado oscuro quede cegado por luces eternas e infinitas; y deja los viejos recuerdos que alimentan el alma y hacen que se crezca en el pecho aprisiónandola.
Con cada vez menos espacio, la esencia intenta escapar de su prisión de huesos, pero ella sabe que tú y tu corazón sabéis que el único modo de liberarla es presentando aquello que permite pronunciar palabras de amor y odio; aquello que roza y despierta la pasión, aquello que durante unos instantes hace que los dos amantes fijen sus miradas y sean uno. Al menos durante unos instantes, unos instantes de vida.
¿Acaso no oyes latir el corazón que bombea sangre para que los labios se mantengan calientes y darte así cobijo? Podría darse el caso que estos brazos te protejan del dolor, podría ser que estas piernas corran en tu ayuda, es probable que estos dedos roben tus lágrimas y es evidente que estos ojos robarán tu alma. Así pues, cuida a tu escudo y escudero y no permitas que el metal se oxide. No dejes que la lluvia borre mi ser.
martes, 8 de enero de 2013
Ser el Dios del Tormento
Publicado por
Albert Alsina
en
1:14
A veces quisiera abandonar este cuerpo humano para convertirme en un ente divino. Mi objetivo no sería disfrutar de las ventajas que eso me otorgaría, sino aprovechar mis nuevos poderes para causar estragos sobre la Tierra que únicamente afectaran al ser humano. Y no lo haría por diversión.
El Dios del Tormento sufre cada muerte que causa, pero necesita que la lluvia de sangre dé vida a su cultivo de regadío. El Dios del Tormento agradece cada ruptura y cada brecha en una relación interpersonal, se masturba cuando sabe de un divorcio y viola a las viudas que son aún jóvenes, pero no siente placer. Llora con cada ánima que siega y se lamenta por cada brecha que fisura la Tierra.
Alza su espada oxidada del más rudimentario metal y ondea su maza, purulenta a causa de todas las cabezas infectadas que ha visto estallar. Es un ser grotesco pero inefable, no tiene forma. El látigo que pende de lo que debería ser su cintura está ataviado con las espinas de lo que un día fueron sus vértebras, y el mango queda cubierto por una masa grisácea que otrora ocupó la boca del ser.
La tempestad carmesí cae sobre el ser humano y el Dios del Tormento ríe con pesar. Cada lágrima que derrama duele como una puñalada en la rótula. Por supuesto, no es inmortal, ni invencible. La resistencia trepa por su viscosa esencia y una y otra vez le ensartan con materiales cotidianos.
Pero él ríe y llora y el mundo es solo la chimenea de su hogar.
Lástima que ni por asomo pueda ser así, lástima que a veces mi carencia de materia oscura me provoque un dolor agudo. Por desgracia, carezco de escudos pues pensé que ya no los necesitaba, y no tengo ánimo de dañar al prójimo, aunque cada vez lo noto más tentador.
Creo fervientemente que no puede haber felicidad sin tristeza. ¿Ocurrirá lo mismo con el amor y el odio?
El Dios del Tormento sufre cada muerte que causa, pero necesita que la lluvia de sangre dé vida a su cultivo de regadío. El Dios del Tormento agradece cada ruptura y cada brecha en una relación interpersonal, se masturba cuando sabe de un divorcio y viola a las viudas que son aún jóvenes, pero no siente placer. Llora con cada ánima que siega y se lamenta por cada brecha que fisura la Tierra.
Alza su espada oxidada del más rudimentario metal y ondea su maza, purulenta a causa de todas las cabezas infectadas que ha visto estallar. Es un ser grotesco pero inefable, no tiene forma. El látigo que pende de lo que debería ser su cintura está ataviado con las espinas de lo que un día fueron sus vértebras, y el mango queda cubierto por una masa grisácea que otrora ocupó la boca del ser.
La tempestad carmesí cae sobre el ser humano y el Dios del Tormento ríe con pesar. Cada lágrima que derrama duele como una puñalada en la rótula. Por supuesto, no es inmortal, ni invencible. La resistencia trepa por su viscosa esencia y una y otra vez le ensartan con materiales cotidianos.
Pero él ríe y llora y el mundo es solo la chimenea de su hogar.
Lástima que ni por asomo pueda ser así, lástima que a veces mi carencia de materia oscura me provoque un dolor agudo. Por desgracia, carezco de escudos pues pensé que ya no los necesitaba, y no tengo ánimo de dañar al prójimo, aunque cada vez lo noto más tentador.
Creo fervientemente que no puede haber felicidad sin tristeza. ¿Ocurrirá lo mismo con el amor y el odio?
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